Ajuy, la perla negra de Fuerteventura

El lugar que te propongo me lleva de nuevo hasta la isla canaria de Fuerteventura. Si en otra ocasión te hablaba de Betancuria, su antigua capital, esta vez te voy a pedir que te traslades conmigo a tan sólo veinte minutos en coche de Pájara, hasta un pequeño pueblo pesquero que tiene un encanto muy especial: Ajuy, la perla negra de Fuerteventura.

Ajuy es un pequeño pueblo pesquero.

Aunque a la mayoría de nosotros ya se nos han terminado las vacaciones y hablar de un destino de playa sólo despierta cierta morriña, lo cierto es que todavía hay mucha gente que elige el mes de septiembre para viajar. Además, no hay que olvidar que tenemos muchos fines de semana y puentes por delante y que el cambio de estación no es un inconveniente, pues en Fuerteventura el buen tiempo está asegurado casi siempre. Y es que su clima es suave y primaveral, con una temperatura media anual de 22ºC y 3.000 horas de sol al año (es el lugar de Europa con más horas de luz).

El buen tiempo en Ajuy está asegurado casi todo el año.

Pero volviendo a lo que nos interesa en este momento, si por algo es conocida especialmente la isla de Fuerteventura es por sus kilométricas playas de arena fina y blanca, de las mejores del Atlántico. Sin embargo, Ajuy, la perla negra de Fuerteventura, como muy bien dice el título, se trata de una bella excepción que confirma la regla. Lo de “bella” es una impresión subjetiva mía que seguro compartirás cuando conozcas este maravilloso lugar (otra vez estoy empleando la subjetividad). Lo de “excepción” es ya una apreciación objetiva que tiene en cuenta dos espectaculares paisajes naturales que podemos encontrar aquí: su playa negra y sus cuevas.

La playa negra de Ajuy es de aspecto volcánico.

El primero de los paisajes, y con el que te vas a encontrar nada más llegar a Ajuy, es su playa de aspecto volcánico. Con una extensión de apenas 270 x 35 metros, está rodeada de acantilados y formada por arena negra de grano medio, grava y piedras. El color oscuro de la playa contrasta con las encaladas casitas de pescadores que conforman el pequeño pueblo situado a sus pies.

La de Ajuy es una playa ventosa y de fuerte oleaje, peligrosa para el baño, por lo que la mayoría de los visitantes que recibe son turistas que acuden allí a disfrutar del paisaje de los acantilados que la rodean y de sus cuevas. No en vano, es conocida como la “playa de los muertos”, porque a ella iban a parar, arrastradas por las corrientes marinas, las personas que se ahogaban por la zona. ¿Te imaginas? No, mejor, imagínate algo mucho más terrenal, porque ¿sabías que en esta playa se practica el nudismo? Pues ya ves cómo ha cambiado la película, de “playa de los muertos” a “playa de los muy vivos” ;)

El blanco de sus casas contrasta con el negro de la arena.

Las famosas cuevas de Ajuy se encuentran al final de un sendero que comienza en la punta norte de la playa y que discurre junto a unos impresionantes acantilados de 100 millones de años de antigüedad (nada más y nada menos), en los que se pueden observar sedimentos oceánicos, fósiles de gasterópodos marinos y formaciones rocosas que seguro harán las delicias de aquellos a los que os guste la geología. Para que te hagas una idea de su valor científico, los sedimentos que aquí se encuentran datan de cuando aún no se habían formado las Islas Canarias tal y como las conocemos hoy en día. Y es que, aunque lo normal es que la corteza oceánica se encuentre a 2.000 ó 3.000 metros de profundidad, lo insólito de este lugar radica en que, debido a diversos procesos geológicos, la corteza se levantó hace millones de años y quedó expuesta por encima del nivel del mar.

Suena bastante interesante pero… demasiado científico, ¿no?. No sé tú, pero como yo sí que me pierdo un poco con estos temas, mi recomendación es que simplemente te dediques a contemplar (que no es poco) el espectáculo que producen las olas chocando con fuerza contra los abismos rocosos; en dos palabras: “impre sionante” ;)

Las olas chocan con fuerza contra los abismos rocosos.

Como te estaba diciendo, al final del recorrido se llega a las cuevas declaradas Monumento Natural (y no es para menos). Se puede acceder a ellas a través de unas escaleras de piedra si tienes cuidado de dónde pisas porque se puede resbalar, especialmente si vas con chanclas como fue mi caso :( Una vez llegas allí el ambiente que se respira es mágico, con cuevas que se adentran en la profundidad y en las que, he de confesar, no me atreví a entrar por lo oscuras que estaban.

Y una vez dejes las rocas, no dudes en reponer fuerzas en uno de los pocos restaurantes del pueblo a base de alguna pieza pescada esa misma mañana.

Historia, paisajes, ciencia, gastronomía… ¡Qué equivocados estábamos al pensar que Fuerteventura sólo era playa, viento y sol!

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