Morella, la más bella
¿Conocéis Morella? ¿Habéis oído hablar alguna vez de ella? Yo he de confesaros que me sonaba pero no sabía realmente ni cómo era ni toda la historia que escondía en su interior. Por ese motivo mi encuentro con Morella ha sido tan gratamente sorprendente; declarada Conjunto Histórico-Artístico, es – sin duda alguna – el descubrimiento de este verano. Por su entorno natural, por su clima, por su casco antiguo y por su gastronomía; por todo esto y por lo que os voy a contar, el post de hoy lo he querido titular Morella, la más bella.
En los recorridos que llevamos realizando desde hace ya tiempo con el fin de encontrar lugares de interés que poder recomendaros, lo cierto es que todavía no habíamos tenido oportunidad de acercarnos a visitar las tierras de Castellón y ya tocaba. Por esta razón, nos prometimos que de este año no pasaba y así, hace menos de un mes, decidimos comenzar por la ciudad de Morella sin saber muy bien con lo que nos íbamos a encontrar.
El primer contacto con Morella fue visual, desde el coche, cuando después de muchos kilómetros (y los últimos a través de un puerto de montaña que se nos hizo interminable), divisamos la ciudad amurallada en lo alto de un peñón con su Castillo coronando la imagen “de cuento” (a más de mil metros de altitud). Y cuando quisimos acceder a ella, fuimos conscientes de que teníamos que traspasar las murallas que, con un perímetro de kilómetro y medio, la bordean y en la que se encuentran varias puertas o “portales” (siete, si mi memoria no me falla). Nosotros nos decantamos por la puerta Portal i Torres de Sant Miguel; ésta, desde mi punto de vista, es la principal tanto por su grandeza como por su ubicación al lado de la Oficina de Turismo y del parking público (2 € el día por vehículo). El Portal i Torres de Sant Miguel data de 1360 y se trata de la entrada más monumental gracias a sus dos torres octogonales gemelas y a la puerta ojival. Fijaos cómo será la puerta que, cuando llegamos, desfallecidos del viaje (con lo que tened en cuenta que el cerebro no está igual de fresco
), confundimos dicha puerta con el Castillo (ja, ja, ja, ja).

Pero si preferís acceder por otra puerta, podréis hacerlo porque, como os decía, tiene unas cuantas; eso sí, no a todas se puede entrar con el coche. Por hablaros de alguna puerta más, está el Portal del Rei, una torre cuadrilátera con una puerta también ojival a través de la cual, según cuenta la tradición, entró el rey Jaime I después de pactar con el noble aragonés Blasco de Alagón a finales del año 1231. La última puerta en la que me voy a detener es el Portal de la Nevera por lo curioso del significado de su nombre. Éste se debe a la ubicación de la misma muy cerca de la “Nevera” que era como se llamaba al lugar donde se guardaba la nieve para los enfermos. Actualmente, y en un edificio precioso muy cercano a dicha puerta, se encuentra – en lo que debía de ser o tener que ver con la “Nevera” – el actual Centro de Salud.

Aparte de puertas, de torres y murallas, en Morella hay muchos edificios singulares que merece la pena contemplar: desde las Casas Solariegas en las que habitaba la antigua nobleza y burguesía (casa Ciurana, casa Piquer o la casa del Marqués de Cruïlles, entre otras) hasta la impresionante Basílica de Santa María la Mayor, el Convento de San Francisco y el Castillo. De este último os hablaré en un post aparte dedicado en exclusiva (porque lo merece no sólo él sino también la visita guiada de más de una hora que hicimos). Sin embargo, de la Basílica de Santa María la Mayor os quiero contar ya mismo, muy por encima, lo preciosa que es. Se trata de un edificio gótico en el que destacan las dos Puertas que tiene en una misma fachada: la Puerta de los Apóstoles (bajo mi humilde opinión, la más bonita) y la Puerta de las Vírgenes (menos mal que habíamos pasado ya el capítulo de las puertas
). Si os gusta el arte, y aunque no os llame la atención especialmente, os recomiendo que no dejéis de visitar esta joya gótica que, incluso, os pilla de camino al Castillo.

Además de contemplar y deleitaros en las Puertas de la Basílica, no dejéis de acceder a su interior donde podréis contemplar el Pórtico de la Gloria, la escalera de caracol por la que se sube al Coro, el Altar Mayor barroco y sus tres rosetones con vidrieras, entre otros. Del Convento de San Francisco (forma parte de la visita guiada al Castillo), hay que destacar la pintura “La danza de la muerte”. Se trata de un antiguo convento de frailes franciscanos (con una iglesia y un claustro de gran belleza) de grandes dimensiones, que han dado lugar a que, desde hace ya varios años, se esté rehabilitando para convertirlo en Parador de Turismo (inicialmente, se hablaba de su apertura para 2008 pero, está claro, que aquí como en muchos sitios “las cosas de palacio, van despacio”).

Si os gustan los museos, aquí también encontraréis unos cuantos pues, no en vano, la desaparición de la industrial textil y la despoblación de Morella, llevaron a esta ciudad a reorientar su economía hacia el turismo (pero no os preocupéis pues no se trata del típico lugar masificado). Por señalar algún museo, está el de “Temps de Dinosaures” (donde se recogen restos hallados de estos animales), el “de Sis en Sis” (cuenta la historia de las famosas fiestas de Morella que se celebran cada seis años y se conocen como el “Sexenni”), “Temps d’Imatge” (historia de la ciudad amurallada a través de imágenes fotográficas) y el Museo Arciprestal (situado en el interior de la Basílica, por un precio simbólico de 1,5 € podréis ver grandes obras de orfebrería y pintura).

Y cuando os canséis de “culturizaros”, podréis relajaros paseando por la Judería, bajo los soportales de la calle Blasco D’ Alagó, subiendo y bajando escaleras a través de la Cuesta de Sant Joan, contemplando los escaparates decorados con mimo (el primero que me viene a la memoria es el de una Farmacia muy céntrica), sentándoos a tomar algún refresco en una de sus múltiples terrazas, acercándoos al Paseo de la Alameda (el “pulmón” de Morella donde los más pequeños podrán disfrutar en sus estupendos columpios de madera cuyo tobogán larguísimo me quedé con ganas de probar
), comiendo en sus restaurantes o simplemente probando las famosas croquetas morellanas (ojo, son diferentes a las croquetas de toda la vida pero merece la pena probarlas). Y ya puestos en materia de comida, os recomiendo la cuajada (muy rica), platos típicos como la perdiz escabechada y la sopa morellana, por ejemplo, sin dejar en olvido sus espectaculares carnes a la brasa (¡qué carnes!). Comí un filete de ternera a la brasa que, sin exagerar, me resultó “el más sabroso y delicioso” que he probado nunca: sabía a carne de verdad, estaba en su punto y su textura era muy tierna. Ahora que lo pienso, ¡cómo se nota que las vacas morellanas son felices viviendo allí!

Por último, y antes de abandonar Morella, la más bella, no dejéis de acercaros a contemplar su Acueducto. Construido en el siglo XIV, se trata de una auténtica obra de ingeniería hidráulica que, durante muchos años, se encargó de abastecer de agua a la población morellana. Actualmente, se pueden contemplar dos tramos bien diferenciados: uno de ellos junto a otros edificios y otro más disperso en medio del campo.
No me queda más que recomendaros que visitéis Morella, la más bella y que, si podéis, la disfrutéis durante unos días. ¿Haréis caso de mi recomendación?
Y aprovechando vuestra estancia en Morella, dedicad al menos un día para escaparos a visitar Peñíscola, pasear por sus playas y conocer su bonito casco antiguo.
Publicado por: Esther
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02. sep, 2011 








¡Hola Ruraloo! ¡Hola a tod@s!
Me ha hecho mucha ilusión ver vuestro post dedicado a la bonita Morella y recordar mi estancia allí. Estuve hace unos cuatro años y me encanto por sus calles estrechas y laberínticas, sus casas solariegas, su majestuosa basílica, sus torres, murallas y el espectacular castillo…
Os animo a todos a acercaros a Morella el año que viene en la segunda quincena de agosto y aprovechar para disfrutar de la celebración de la fiesta del Sexenio o el Sexenni, que es la fiesta por excelencia de Morella en honor a la Virgen de Vallivana y que se celebra cada seis años. Yo no pienso perdérmela ya que más de una persona me lo ha recomendado y, ahora que lo he recordado, no he dudado en anotarlo en mi agenda del 2012. ¿Quién se apunta?
Saludos a tod@s!!
Carla
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