San Andrés de Teixido, el Santuario del fin del Mundo
Galicia es, posiblemente, la región con mayor carga mística en sus tradiciones. Todos hemos oído hablar alguna vez de las meigas que, aunque no las hayamos visto, y como bien reza el dicho popular, “haberlas, haylas”; o del popular conjuro de la queimada para alejar a los malos espíritus. Existen también otras tradiciones menos consolidadas pero que, en los últimos años, están tomando fuerza, como el recién recuperado ritual del matrimonio celta. Aunque sin duda, la tradición espiritual gallega más arraigada, conocida allende los mares, es el famoso Camino de Santiago. Pero en esta ocasión no voy a hablaros de esta ruta de peregrinación (que, por otra parte, muchos de vosotros conocéis en profundidad) sino de un lugar cuya existencia está ligada, en cierto modo, al apóstol Santiago: San Andrés de Teixido, el Santuario del fin del Mundo.

Puede que nunca hayáis oído hablar de este singular paraje situado en plena sierra de la Capelada, a unos 12 kilómetros de la localidad coruñesa de Cedeira, pero tras Santiago de Compostela, San Andrés de Teixido es el lugar de peregrinación más importante y concurrido de Galicia, y que cuenta con su propio Camino, con una distancia de 42 kilómetros a realizar en una etapa o dos. No en vano, aunque no le preceda la fama y la publicidad del primero, su existencia es mucho anterior.

Este lugar es mágico por varias razones. A la mayoría, como a mí, os atraerá de forma irremediable por el espectacular paisaje de acantilados sobre el que se asienta esta pequeña aldea, los cuales llegan a alcanzar los 600 metros de altitud, convirtiéndose en los más altos de la Europa Occidental. Sólo por este motivo la visita a la zona es obligada. Pero para otros tantos, el magnetismo que desprende San Andrés de Teixido lo encontraréis gracias a la existencia de un santuario dedicado al apóstol que da nombre a esta aldea y que recibe anualmente la visita de miles de peregrinos que viajan en romería con el fin de ver logrados sus deseos y de rezar por el eterno descanso de sus difuntos o la salud de sus enfermos.

El origen de este lugar es impreciso, aunque algunas leyendas tratan de dar luz a este aspecto. La más extendida cuenta cómo el Santo, triste y celoso de que tanta gente peregrinara a Santiago de Compostela a visitar la tumba del apóstol y pocos se dignaran a presentar sus respetos a él, recibió la visita del Señor, quien consciente de que el santuario se encontraba en un lugar inhóspito de difícil acceso para los peregrinos, le prometió que a partir de ese momento todos los humanos que pretendieran entrar en el Reino de los Cielos tendrían que acudir antes a verlo a él, y que quien no lo hiciera de vivo, lo haría de muerto. De ahí nació el popular dicho “Quen non vai a San Andrés de Teixido de vivo vai de morto” (quien no va a San Andrés de Teixido de vivo va de muerto). Lo cierto es que lo de visitar la ermita de muerto no es tal, sino que se hace reencarnado en un ser inferior como un sapo, una culebra o un lagarto. Así que, aunque el respeto a los animales debe estar a la orden del día, si veis alguno de estos “bichos” merodeando por ahí intentad ser todavía aún más respetuosos con ellos, por si acaso. Ah, y si pensáis que reencarnarse en una de estas alimañas para hacer el Camino es poco glamuroso, siempre correremos mejor suerte que las almas menos afortunadas que lo hacen en un objeto tan inanimado como una piedra.

Leyendas aparte, algunos estudios indican que en la Edad de Hierro, en la época castreña, ya existía peregrinación a este paraje, y hay quien afirma que el motivo es que aquí se encontraba la “puerta del más allá” de la cultura celta. Este aspecto coincide en cierto modo con el otro nombre con el que se conoce al lugar: San Andrés “do cabo do mundo”, y es que durante años este punto geográfico fue considerado como el fin del mundo conocido. Quizás, por tanto, el origen de San Andrés de Teixido y su romería de peregrinación no sea más que una cristianización de una tradición pagana anterior. Sea como fuere, parece que este lugar está lleno de magia, misterio y misticismo se mire por donde se mire, convirtiéndolo en un rincón atractivo para creyentes de toda índole.

Y como todo espacio místico, no pueden faltar las tradiciones y rituales. Así que, si creéis en las supersticiones y sois de los que os gusta cumplir con todas las liturgias de los lugares que visitáis, id preparándoos porque en San Andrés de Teixido hay unos cuantos ritos que llevar a cabo antes y después de visitar al Santo. El primero de ellos consiste en transportar durante la romería una piedra y depositarla al llegar en uno de los milladoiros del lugar, que son pequeños montículos configurados con piedrecillas y que sirven para dar fe del paso de los peregrinos. Como ya os comenté antes, cada una de esas piedras puede que sea un alma reencarnada que necesita vuestra ayuda para realizar el Camino y de esta manera le estaríais haciendo un gran favor.

Otra de las tradiciones que hay que realizar es la de beber de cada uno de los tres caños de la Fuente del Santo o Fuente de los Tres Caños para que se cumplan los deseos que hayamos pedido a San Andrés. Y para comprobar que van a cumplirse, basta con tirar un trozo de pan al agua de la fuente y esperar a que flote. Si no lo hace, quiere decir que los deseos no se llevarán a cabo y no tendremos más remedio que volver al año siguiente para pedírselos de nuevo al Santo.
Los lugares de peregrinación como éste atraen a un gran número de personas, y aprovechando el tirón siempre suele formarse a su alrededor un negocio (grande o pequeño) para atender a los creyentes, turistas y curiosos que se desplazan hasta allí. San Andrés de Teixido no es la excepción: varios puestos y tenderetes en las calles ofrecen al visitante multitud de recuerdos y productos de la tierra, entre ellos la conocida como “herba de namorar” (unas hierbas que ayudan a solucionar los asuntos amorosos ), los “xuncos de ben parir” (plantas que mitigan los dolores de las parturientas), las famosas rosquillas de San Andrés o los “sanandresiños”, figuras de distintas formas, cada una con su significado, hechas artesanalmente por las mujeres de la aldea con miga de pan y pintadas de vivos colores. Estas figuras son exvotos que se ofrecen al apóstol en el altar de su santuario, aunque actualmente se han convertido en un souvenir más de los tantos que se venden en el pueblo.
Y ahora tengo algunas preguntas para vosotros ¿Conocéis el lugar? ¿Lo habéis visitado? ¿Habéis pedido algún deseo al Santo? ¿Se os ha cumplido? Y si aún no habéis tenido la oportunidad de venir hasta aquí ¿lo haréis de vivos o de muertos?
Publicado por: Jesús
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04. oct, 2011 








[...] no quiero detenerme más tiempo en este destino del que ya os hablé hace unos meses y al cuál os remito. Por eso, lo mejor es coger otra vez el vehículo y emprender de nuevo el camino rumbo a la meta de [...]