Siurana, un reducto de paz y tranquilidad

Seguro que más de una vez habéis sentido la necesidad de escapar y desentenderos durante un tiempo de toda la presión que os rodea, ¿verdad? Y aunque suene a tópico, esto nos pasa más a los que vivimos en la ciudad, con tanto ruido, tanta contaminación, tanto atasco a primeras y últimas horas del día, tanta prisa… En esos momentos no lo dudaríamos ni un segundo antes de fugarnos a un lugar recóndito donde nadie pudiera encontrarnos ni molestarnos, un lugar de sosiego, silencio, calma, en contacto con la naturaleza, un lugar que nos ayudara a encontrarnos con nosotros mismos. Yo conozco un rincón así, aunque para visitarlo sólo basta con que os guste la naturaleza, el deporte o la historia. Por eso os invito a conocer Siurana, un reducto de paz y tranquilidad.

Siurana es un pequeño pueblo de apenas treinta casas que se encuentra en la comarca del Priorat, conocida entre los amantes del vino por sus caldos con denominación de origen. La aldea descansa sobre un riscal, dominando el valle que forma el río Siurana y rodeado de barrancos y acantilados, no apto para los que padecéis de vértigo (bueno, quizás exagero un poco ;) ). Su ubicación, con la Sierra del Montsant al oeste y las montañas de Prades al este, es privilegiada. Desde allí, las vistas panorámicas del entorno natural son espectaculares.

La primera vez que pisé sus calles fue una tarde de octubre, pocos minutos antes de que el sol se escondiera tras las montañas que lo rodean. Y después de la experiencia, puedo afirmar que esta es la mejor manera de entrar en contacto por primera vez con este pintoresco pueblo. Porque si Siurana es de por sí una de las poblaciones más bonitas de la provincia de Tarragona (no en vano, está declarado “bien de interés nacional”), verla al atardecer aumenta aún más, si cabe, su belleza.

Y es que desde aquí se goza de una de las puestas de sol más impresionantes que he tenido oportunidad de disfrutar: la luz anaranjada que ofrece el sol a esta hora del día tiñe las fachadas de piedra de las casas del pueblo e intensifica los tonos rojizos de las paredes de roca caliza de la Sierra de Prades. Además, el silencio reinante en el lugar, el sentimiento de libertad que produce estar a una elevada altitud y las vistas que aquí nos regala la madre naturaleza invitan a vivir la puesta de sol como una experiencia casi mística. Por eso, os recomiendo que os sentéis en una de las rocas que asoman al pantano de Siurana a contemplar, con mucha tranquilidad, este maravilloso fenómeno.

El caserío de Siurana conserva el sabor de un auténtico pueblo medieval catalán. Las casas son de piedra y madera de acuerdo con la arquitectura rural de montaña, y el empedrado de sus escasas y estrechas calles está formado por losas de caliza con una antigüedad de varios siglos. Pero las arterias de Siurana no son el único reflejo del aire vetusto que respira el pueblo: la iglesia de Santa María, del siglo XII y estilo románico, y los restos de un castillo de origen árabe dan fe de los siglos de historia que arrastra esta singular villa.

Y es que si de algo puede presumir Siurana, a pesar de lo reducido de su tamaño, es de haber sido el último reducto musulmán del Reino de Cataluña. Su estratégica situación lo convirtieron en un lugar inexpugnable para los guerreros cristianos durante sus casi tres siglos de existencia, hasta que en 1153 fue, finalmente, tomado por el bando enemigo.

Esta época sarracena nos ha legado no solo los vestigios de su antigua fortaleza, sino una singular leyenda tan importante como su pasado histórico: la leyenda de la Reina Mora. Esta fábula relata cómo Abdelazia, la última reina mora de Siurana, decidió suicidarse antes de caer en manos enemigas tras la conquista cristiana de la villa. Para ello, a lomos de su caballo blanco, al cual tapó los ojos con una venda, cabalgó a galope hacia el precipicio. En el último instante el jamelgo se percató de la intención de su amazona e intentó evitar la caída clavando sus patas al borde del abismo, pero tal era el impulso que traía, que no pudo evitar el fatal desenlace. Hoy día una sima conocida como El salto de la Reina Mora recuerda aquella gesta y cuentan que una marca que hay grabada al borde de la roca se corresponde supuestamente con la huella de la herradura del animal. Si os soy sincero, yo no llegué a ver esa marca, pero haberla, la hay; así que os reto a que la busquéis y la fotografiéis.

Siurana, además, es un punto de referencia para los apasionados de los deportes de aventura: senderismo, kayaks en el pantano y, sobre todo, escalada deportiva. Cientos de escaladores venidos de todo el mundo han convertido este paraje en un lugar de peregrinaje, idóneo para la práctica de este deporte debido a los numerosos riscos que lo rodean.

Y si en vuestra escapada decidís pasar noche en Siurana, os aconsejo que lo hagáis en La Siuranella, un pequeño hotel con restaurante. Pero si lo que buscáis es un alojamiento más económico, tenéis a vuestra disposición un cámping con cabañas y bungalows donde suelen hospedarse los escaladores. Allí podréis, además, os alojéis o no, comer y cenar en su cafetería bocadillos y platos combinados a un precio muy económico y en un ambiente joven e internacional. Cien por cien recomendable.

Ah, y como anécdota, puedo contaros que la fama de Siurana ha llegado hasta el universo, ya que esta pequeña aldea tarraconense puede alardear de dar nombre a un asteroide de 2 km de diámetro que se encuentra entre las órbitas de Marte y Júpiter. Curioso ¿no?.

Publicado por: Jesús
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