El Santuario de la Virgen de la Barca, lugar de leyendas y rituales

A Costa da Morte nos regala multitud de lugares de los que es fácil enamorarse. Hace unos meses os hablaba del Cabo de Finisterre como etapa final del epílogo que muchos peregrinos deciden realizar tras concluir el Camino en la ciudad compostelana. Pero el itinerario de doble sentido a partir de Olveiroa permite que el desenlace de la Ruta Jacobea sea otro, concluyéndola en la villa marinera de Muxía. Y si Fisterra representa la espiritualidad en el sentido más amplio de la palabra, Muxía es un final más en consonancia con los viajeros que peregrinan con una motivación de carácter religioso, ya que aquí se levanta a pie de mar un templo dedicado a la madre de Dios: el Santuario de la Virgen de la Barca, lugar de leyendas y rituales.

Evidentemente no es necesario realizar el Camino de Santiago o ser un devoto para peregrinar hasta este lugar. Para sentir la magia que se percibe al pisar este paraje basta con tener los ojos, los oídos y el corazón bien abiertos. Los ojos, para disfrutar de la gran belleza del paisaje, con las rocas adentrándose en el océano. Los oídos, para escuchar los embates de la mar y el romper de las olas contra las grandes piedras y peñascos (en días de temporal, incluso llegan a salpicar los muros del Santuario). Y corazón, para dar vía libre a todas las emociones que uno puede llegar a experimentar aquí.

Como todo Santuario que se dedica a una Virgen, el de la Barca también cuenta con su propia leyenda que dio origen a su construcción. Según reza la tradición, la Virgen llegó en una barca de piedra hasta las costas del actual Muxía para encontrarse con el Apóstol Santiago y darle aliento en su difícil tarea de predicación. Al tocar tierra, la barca se rompió en mil pedazos dando lugar al conjunto rocoso que reposa a los pies del Santuario. Poco después, apareció una talla de la Virgen bajo una de las rocas y fue trasladada a la iglesia de la villa. Pero la imagen desapareció misteriosamente de allí y volvieron a encontrarla en el mismo lugar donde había aparecido la primera vez. Estaba claro que la Virgen quería permanecer en ese lugar, a pie de mar, por eso los vecinos de la zona decidieron construir allí un santuario donde pudiera descansar por toda la eternidad.

Y es que la Virgen no se equivocaba. Supo elegir muy bien su lugar de reposo. Porque desde aquí, la puesta de sol es especial. Su orientación hacia el oeste permite contemplar cómo el astro rey desaparece bajo las aguas que bañan A Costa da Morte y cómo los últimos rayos del día tiñen de naranja la fachada del santuario mariano. El espectáculo visual que se produce durante las horas vespertinas, sumado al que provocan las olas al romper con la agreste costa, nos invitan a recorrer la plataforma rocosa y a escalar los enormes pedruscos hasta llegar al borde del mar y sentarnos allí, solos o en compañía, para dejarnos asombrar. El viajero solitario encontrará en este paraje el retiro perfecto para meditar en contacto con la naturaleza y con sus cuatro elementos. Y si el viaje lo realizamos con la persona amada, la estampa del lugar nos incita a enamorarnos aún más.

La leyenda de la Virgen no es la única que rodea a este mágico rincón. Alrededor de las piedras circulan historias y rituales de las que debe participar todo aquel que visita el lugar. La piedra más conocida es la de abalar, que se podría traducir como mover o mecer. Porque eso es precisamente lo que se pretende cuando uno se sube encima de ella. Claro, la cosa no es tan fácil, pues la piedra en cuestión tiene una extensión de unos 60 metros cuadrados y un espesor de 30 centímetros, pero si la fe mueve montañas, ¿por qué no una simple roca? Además, se dice que aquel que consiga moverla verá cumplido su deseo. Así que, por probar, que no quede ;)

Otra de las famosas piedras es la de Os Cadrís, con forma de riñón. Parece ser que su apariencia no es banal, ya que está relacionada con las presuntas artes curativas que posee, y es que el ritual obliga a pasar nueve veces bajo ella para soliviantar y curar los problemas de riñón. Aunque no estoy yo muy seguro de ello, porque para que el milagro surta efecto, hay que agacharse y arrastrarse bajo la piedra, y si no se tiene cierta flexibilidad, realizar este ceremonial nueve veces seguidas puede dejarnos con unos dolores aún peores de los que arrastrábamos antes ;). Eso sí, si al final os animáis a llevar a cabo el ritual, es importante que sepáis que la piedra también combate los dolores de espalda y de cabeza.

 

Aunque cualquier momento del día es bueno para venir a conocer el Santuario de la Virgen de la Barca, el atardecer es, sin duda, el más bello y sorprendente. Y como la noche os caerá rápidamente encima y necesitaréis de un lugar en el que guareceros, os recomendamos el alojamiento rural Casa de Trillo, una casona tradicional a escasos kilómetros de Muxía.

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