Ruta de las Pasarelas de Alquézar

La visita que realizé a la preciosa localidad de Alquézar dio para mucho. No sólo disfruté de su historia, de sus bellas construcciones en piedra o de su gastronomía y sus vinos con denominación de origen; la situación privilegiada en la que se encuentra, en el Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara, permite la práctica de diversas actividades de aventura y relacionadas con la naturaleza. Y aunque tenía la intención de descargar adrenalina con el descenso de barrancos (la práctica de turismo activo que más visitantes atrae hasta estas tierras), el miedo de última hora me echó para atrás. Sí, lo confieso, no soy muy aventurero, así que, como afortunadamente en Alquézar existen otras actividades que nos ponen en contacto con el medio natural, busqué una alternativa menos “arriesgada”. Y ésta la encontré en el senderismo y en la Ruta de las Pasarelas de Alquézar.

La Ruta de las Pasarelas es un itinerario senderista que recorre el último tramo del Cañón del río Vero a su paso por Alquézar. El trazado coincide con la senda que partía del pueblo y llevaba hasta la antigua central hidroeléctrica. Esta ruta es ideal para realizar en familia y apta para todas las edades debido a su baja dificultad. Es más, salvo el último tramo de pendiente algo acusada (aunque no dificultoso) que sube hasta el pueblo rodeado de hermosos olivos, el resto del recorrido puede considerarse como un tranquilo y sencillo paseo para realizar en contacto con la naturaleza.

Aunque es una ruta circular que puede realizarse en ambos sentidos, el recorrido está pensado para comenzarlo en la Plaza Mayor del pueblo. Desde allí, hay que dirigirse al Paseo de la Tallada, en dirección hacia la Colegiata, hasta llegar a una pequeña plaza para luego descender por la rampa de piedra que se encuentra en el primer desvío del lado izquierdo. No tendréis pérdida para encontrar la senda, puesto que existe una señalización que indica el camino hacia las Pasarelas del Vero.

El primer tramo de la ruta es espectacular por la sensación de encajonamiento que se experimenta, ya que el descenso se realiza por el Barranco de la Fuente, entre enormes paredes verticales de piedra caliza repletas de ”nichos” naturales, dejando a la izquierda la Peña de Castibián y a la derecha, la inmensa peña sobre la que descansan los muros de la Colegiata. Mientras descendáis por las pasarelas de madera que salvan el desnivel existente entre el comienzo de la ruta y la parte más baja del recorrido, por donde discurre el río Vero, iréis adentrándoos en una espesa vegetación que se funde perfectamente con el terreno calizo y embellece aún más, si cabe, el paisaje de la garganta.

Ya abajo, os reuniréis con el río Vero, el cual, con suma paciencia, ha ido tallando a lo largo de millones de años el espectacular sistema kárstico que rodea a Alquézar. Este segundo tramo discurre en su mayor parte en paralelo al Vero, aunque antes de continuar el camino río abajo, hay que desviarse unos metros para visitar la Cueva de Picamartillo, situada en la desembocadura del Barranco de la Fuente. En este lugar se puede aprovechar para descansar un rato y pararse a disfrutar del paisaje, y si es verano, incluso mojarse los pies en el agua color turquesa del río, ya que es la zona más extensa que encontraréis en todo el recorrido.

Después, la ruta continúa a través de unas llamativas pasarelas de hierro que cuelgan de las paredes verticales del cañón y que dan nombe a la senda. Esta parte del trazado es quizás la más original de toda la ruta, y también la más divertida, sobre todo para los más pequeños o para los que disfrutamos como tal ;), ya que durante un tiempo se sigue el cauce del río suspendidos unos metros sobre él. Y aunque el suelo de la pasarela es de rejilla y puede verse lo que hay debajo, la altura a la que se camina no es excesivamente alta, por lo que la ruta es incluso apta para los que padecéis algo de vértigo.

Durante un tiempo abandonaréis las pasarelas para continuar por un camino de tierra alejados unos metros del Vero. La frondosa vegetación de la ribera del río, adaptada a la humedad del lugar, aumenta la ya de por sí frescura propia de la garganta, y os ayudará a sofocar el calor si realizáis la ruta en época veraniega. Seguidamente retomaréis las pasarelas de hierro, justo en el lugar donde se encuentra la pequeña presa de la antigua central hidroeléctrica de la villa. Desde aquí podréis contemplar la pequeña cascada que se forma, conocida como Salto de la Central de Alquézar, y relajaros con el sonido del agua al caer.

Tras pasar por debajo de un enorme bloque de piedra, continuareis por el último tramo de pasarelas colgantes hasta llegar a la central eléctrica. A partir de aquí, estad atentos al recorrido para no perderos, cosa que me pasó a mí. Estaba tan ensimismado con el paisaje de los cañones que no me percaté de la senda que subía directamente al pueblo. Eso sí, si os ocurre lo mismo, no os preocupéis: únicamente dedicaréis más tiempo y caminaréis más (hasta llegar a las afueras de Alquézar), pero a la vez seguiréis disfrutando del entorno natural de la Sierra de Guara. Todo un lujo.

 

Para más información sobre la Ruta de las Pasarelas, pinchad aquí.

 

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