Ruta por los acantilados de Cariño a Cedeira

La que voy a describiros es una de las rutas costeras más bonitas que he realizado en todo el litoral cantábrico, ya que en ella pude observar los que sin duda son, al menos para mí, los acantilados más espectaculares y hermosos de toda Galicia. Por eso, si decidís realizar esta ruta, lo primero que tenéis que hacer es comprobar que lleváis vuestra cámara de fotos, porque os aseguro que tendréis la necesidad de echar mano de ella constantemente para inmortalizar todos y cada uno de los rincones que iréis visitando. Así que, una vez confirmado que vuestro equipamiento está a punto, comenzamos nuestra Ruta por los acantilados de Cariño a Cedeira.

La ruta comienza en la villa marinera de Cariño. Precioso nombre ¿verdad? Aparte de que es un nombre que se me antoja muy propio de la lengua y pronunciación galega, viene como anillo al dedo para describir el lugar. Porque el entorno de Cariño y de su ría (que comparte con la vecina Ortigueira) es tan bonito, que se nota el gran “cariño” con que se ha formado a lo largo de toda su existencia. Aunque claro, bien podríamos decir esto mismo de infinidad de lugares, no sólo de Galicia, sino de todo nuestro país. Pero alguno tenía que adueñarse del nombre ¿no? ;)

 

Hay, también, quien dice que el nombre del pueblo define perfectamente la forma de ser de los cariñeses: nobles y hospitalarios, tratando con “cariño” a todo el que se acerca a visitarlos (de lo que doy fe); y que por eso la villa no podía llamarse de otra manera. Pues bien, una vez que os hayáis llenado de cariño (y hayáis dado también del vuestro, porque uno siempre da de lo que recibe), es momento de poneros en marcha. Y para ello, hay que coger la carretera que parte desde el pueblo y que indica hacia el Faro del Cabo Ortegal, la joya de la Corona de Cariño.

El Cabo Ortegal se encuentra a tan sólo 3 kilómetros del pueblo, por lo que es una buena opción acercarse a este lugar dando un paseo si no vais a realizar la ruta completa (donde el coche sí que es necesario), ya que iréis disfrutando de preciosas vistas y caminaréis en contacto directo con la naturaleza. Lo primero que veréis cuando os encontréis a pocos metros del cabo es su pequeño faro rodeado por la inmensidad del mar. Nada hace presagiar el espectáculo visual del que seréis testigos cuando lleguéis hasta él. En mi caso, me quedé literalmente con la boca abierta por el maravilloso y sobrecogedor paisaje que se presentó casi sin esperarlo ante mí. Porque a uno le pueden describir cientos de veces la belleza de un determinado lugar, pero hasta que no se está in situ allí para comprobarlo, no podemos hacernos a la idea de que realmente es así; justamente lo que me pasó a mí con el Cabo Ortegal.

Este paraje es muy especial. Por un lado, porque aquí convergen dos mares: el Océano Atlántico y el Mar Cantábrico; y de algún modo se convierte, tal y como promociona turísticamente el Concello de Cariño, en un auténtico “kilómetro cero” natural. Y por otro, porque estamos ante una de las cuatro formaciones geológicas más antiguas del mundo. Exactamente las rocas que forman parte del paisaje de acantilados están datadas en una antigüedad de 1160 millones de años (vamos, casi nada). Aunque claro, este enclave no siempre fue así: los impresionantes acantilados de los que podemos disfrutar hoy día se formaron cuando el antiguo y único continente Pangea se empezó a fracturar.

Una vez repasada la lección de geología y ya recuperado el aliento ante tal hermosura, deberéis continuar con la ruta. Y si Cabo Ortegal puede parecer para muchos el culmen de la belleza, no sabéis lo que os espera luego, porque esto es sólo el principio. El recorrido continúa deshaciendo el camino hecho hasta Ortegal y cogiendo, después, un desvío a la derecha que indica hacia los miradores. Al coger esta carretera, que discurre por plena Sierra de A Capelada, notaréis que iréis subiendo en altitud con respecto al nivel del mar, el cuál dejaréis a la derecha. A la izquierda podréis contemplar unas espectaculares vistas panorámicas de Cariño, de su puerto, de las playas y de la ría. Sin duda, las mejores vistas del pueblo y sus alrededores.

Tras recorrer unos cuantos kilómetros de prados donde las vacas pastan con una pose de tranquilidad eterna, deberéis realizar una parada obligada en la Vixía de Herbeira, situada frente al parque eólico que existe en la zona. No os será difícil reconocer el lugar, ya que en este enclave hay una pequeña edificación de piedra, una antigua caseta que se empleaba siglos atrás para la vigilancia de la costa ante los ataques piratas (y es que no sólo los había en el Caribe ;)). La elección de este paraje como punto de vigilancia no es casual, puesto que está asentado sobre uno de los acantilados más altos de toda Europa. Por eso, si tenéis vértigo, cuidad de acercaros sólo lo suficiente hasta el borde del precipicio. Y aun así, no os preocupéis porque un pequeño murete de piedra os salvará de los 613 metros de caída vertical que hay hasta el mar. Impresiona ¿verdad?

 

Y es que la Vixía de Herbeira es uno de esos lugares únicos en los que es fácil olvidarse de todo. Su naturaleza insólita y sorprendente invita a permanecer allí horas y horas sin que nos cansemos del paisaje verde y agreste de la costa fundiéndose con el azul infinito del mar. Sólo la necesidad de continuar con la ruta, hizo que me despidiese de ese mágico lugar antes de tiempo, no sin antes prometerme a mí mismo que tarde o temprano volvería a allí.

San Andrés de Teixido, el Santuario del fin del Mundo, tal y como titulé un anterior post sobre este lugar de peregrinaje, será la siguiente pausa que hagáis en vuestro recorrido por los acantilados del Cabo Ortegal. A estas alturas ya habréis dejado atrás el Concello de Cariño para adentraros en el de Cedeira (la Vixía de Herbeira hace de límite entre ambos términos municipales) y habréis vuelto a descender en altitud con respecto al nivel del mar. Así, el paisaje varía ligeramente y los prados desnudos de apenas vegetación que encontraréis en las cotas más altas de la ruta, darán paso a pequeñas masas forestales.

Pero no quiero detenerme más tiempo en este destino del que ya os hablé hace unos meses y al cuál os remito. Por eso, lo mejor es coger otra vez el vehículo y emprender de nuevo el camino rumbo a la meta de nuestra ruta: Cedeira (cuya visita os relataré en un próximo post). Antes, tenéis la opción de hacer un alto a medio camino para visitar la Punta Candieira (o Candelada). Para llegar hasta su faro, hay que realizar un impresionante y pronunciado descenso por un camino de meandros con diez curvas cerradas que van a acelerar el corazón a más de uno. Debéis tener mucha precaución (si no sois muy duchos en la conducción, absteneos), pero merece la pena por las impresionantes vistas que se divisan durante la bajada.

Y finalizaréis la ruta en Cedeira, que al igual que Cariño, es una villa marinera cuya historia está vinculada a la mar. Su ría, como la de Cariño-Ortigueira, forma parte de las llamadas Rías Altas de A Coruña y en ella marisquean las mujeres durante la marea baja para desenterrar, principalmente, coquinas. Y es que Cedeira vive, aparte del turismo, de la pesca y el marisqueo. Así que, como colofón a este estupendo recorrido que habréis hecho por los acantilados más altos de Europa Occidental, os recomiendo que entréis en alguno de sus restaurantes a degustar su marisco de gran calidad, descanséis después en alguna de sus playas de arena blanca y fina (como la de la Magadalena) y terminéis la jornada dando un tranquilo paseo por su paseo marítimo hasta llegar al puerto, donde sacaréis, una vez más, vuestra cámara de fotos.

Twitter Digg Delicious Stumbleupon Technorati Facebook
0 comments
© 2017 ruraloo