San Vicente de la Barquera, más bonita que ninguna de las villas marineras

Ya lo cantaba David Bustamante, ejerciendo allá donde va de perfecto embajador de su pueblo natal: San Vicente de la Barquera, San Vicente de la Barquera, más bonita que ninguna de las villas marineras Sin dejarme llevar por el comprensible orgullo que siente su célebre vecino, creo que a Bustamante no le falta razón. Porque San Vicente de la Barquera quizás no sea la más bonita de todas, pero sí una de las más bellas localidades costeras, no sólo de la región de Cantabria, sino de todo el litoral del norte de España.

Gracias al cantante barquereño, mucha gente empezó a oír a hablar de este bello municipio cántabro y a interesarse por ir a conocerlo. Otros tantos ya teníamos la suerte de haberlo visitado con anterioridad, pero en mi caso de eso hacía ya unos cuantos años. Por eso, aprovechando que me encontraba de turismo por la zona no quise perder la ocasión de volver hasta San Vicente de la Barquera y disfrutar durante una jornada de sus calles, de sus puentes, de su castillo y de sus rías.

Al tiempo que cruzaba el Puente de la Maza (una de las vías que sirven de entrada a San Vicente) me di cuenta de que el buen recuerdo que guardaba del pueblo era del todo justificado. Es más, creo que en esta segunda visita me he enamorado aún más de la villa. No me extraña que San Vicente de la Barquera sea un referente del turismo en Cantabria, tanto para aquellos que buscan descansar junto al mar o tostarse al sol en la playa, como para los que disfrutan del turismo gastronómico y de los platos de la tierra, quienes les gusta visitar y fotografiar edificios y monumentos históricos o los que prefieren calzarse unas buenas botas y salir a practicar senderismo en un entorno natural envidiable. Porque San Vicente de la Barquera tiene todo eso y más.

Uno de los aspectos que hacen especial a este pueblo, sobre todo para los amantes de la naturaleza, es su excepcional ubicación: en la costa más occidental de Cantabria, en pleno Parque Natural de Oyambre, un extenso territorio costero protegido que cuenta con playas, acantilados, rías, marismas, dunas y bosques; y todo ello, con los Picos de Europa como impresionante telón de fondo. Encontrar hoy día lugares como este, protegidos por ley de toda actuación urbanística, donde se apuesta por la conservación del medio natural en contra de la explotación turística de la zona, es todo un privilegio.

Y si pasear por su entorno natural se hace casi indispensable, patearse las calles de la llamada Puebla Vieja es algo totalmente obligado para quienes os acerquéis hasta esta villa marinera. El casco viejo de San Vicente de la Barquera está situado en lo alto de una colina, rodeada casi en su totalidad por las rías de Rubín y Pombo. El patrimonio monumental de la Puebla Vieja es una magnífica muestra del esplendor histórico que tuvo el pueblo en la Edad Media gracias a sus gestas marineras y a que la villa fue un importante paso del Camino de Santiago en la ruta costera, así como de los peregrinos que marchaban hacia el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, junto a Potes. No en vano, la parte más longeva de la villa está declarada como Conjunto Histórico Artístico.

 

Dos son los edificios que destacan principalmente en el perfil de la alta ciudadela. Uno de ellos es la Iglesia de Santa María de los Ángeles, ubicada en uno de los extremos del prominente. El templo, desde el cual se contemplan unas espectaculares vistas de la ría y las montañas, tiene la singularidad de que aúna en su estilo arquitectónico el románico y el gótico montañés, debido a su largo período de construcción (entre los siglos XIII y XVI). El otro edificio, el Castillo del Rey (del siglo XIII) es un ejemplo de la arquitectura defensiva de la zona y cuenta con una exposición permanente con piezas y documentos históricos que nos ayudan a conocer la historia de la villa.

Además, recorriendo sus empedradas calles os encontraréis con otras construcciones (o con sus vestigios) que nos recuerdan el pasado de bonanza y esplendor de San Vicente: el Palacio de la Familia Corro (hoy sede del Ayuntamiento), el Convento de San Luis, el Hospital de la Concepción, la Torre del Preboste o la Muralla, de la cual se conservan algunos tramos. Y ya fuera de la puebla vieja, debéis visitar el citado Puente de la Maza (una auténtica obra de ingeniería del medievo) y el Santuario de la Virgen de la Barquera (patrona de la villa). Esta ermita, enclavada en un idílico paraje, junto a la entrada del puerto, fue construida en el mismo lugar al cual, según la leyenda, llegó la Virgen un martes de Pascua a bordo de una pequeña embarcación sin velas, remos, timón, ni tripulación.

Y es que un pueblo como San Vicente de la Barquera se merece una patrona venida de la mar. Porque San Vicente es ante todo villa marinera y villa de pescadores. Su arraigado sabor marinero está latente en su puerto y en las decenas de embarcaciones que descansan en las aguas de la ría esperando a salir a navegar cuando sube la marea, y se siente especialmente cuando se pisa algunos de los restaurantes que ofrecen en sus cartas y menús el fresco marisco y pescado recién capturado en las aguas del Cantábrico.

Foto: oidres

Pero para comprender realmente el sentir marinero de los barquereños y el amor que profesan por la mar y la navegación, hay que venir a San Vicente durante la fiesta de La Folía. Esta fiesta, que rememora la llegada de la Virgen de la Barquera a la villa, se celebra un domingo posterior a la Semana Santa (normalmente el primero o el segundo, dependiendo de las mareas). La Folía está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional y esencialmente consiste en una peregrinación o procesión marítima en la que se porta la imagen de La Virgen en un barco engalanado con flores y banderas de vivos colores que es seguido por decenas de embarcaciones igual de engalanadas y repletas de peregrinos. Los jóvenes y niños de la villa, chicos y chicas, visten para la ocasión, como no podía ser de otra manera, trajes de marineros.

Y ahora os dejo una tarea “muy difícil” y que seguro no os va a gustar ;): acercaos hasta San Vicente de la Barquera y descubrid vosotros mismos el resto de rincones que os ofrece esta villa marinera, como sus playas de arena blanca y fina. ¿Os apuntáis?

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