Teotihuacán, Ciudad de los Dioses

Ruraloo se globaliza. Sí. Sin dejar de atender todos los maravillosos destinos turísticos que podemos encontrar a lo largo y ancho de nuestra geografía, hemos decidido cruzar fronteras y enseñaros todos esos lugares que vamos descubriendo en nuestras visitas internacionales y que consideramos pueden adaptarse perfectamente a ese tipo de turismo rural, de interior y ecológico que tanto nos apasiona a vosotros y a nosotros ¿verdad? Y vamos a comenzar nuestro viaje por el Mundo al otro lado del “charco”, concretamente en México, donde hemos visitado el yacimiento arqueológico de Teotihuacán, Ciudad de los Dioses.

Nuestra visita a Teotihuacán coincidió con una estancia vacacional en la capital mexicana, por lo que nuestro recorrido comienza aquí. Con ausencia de tráfico, el viaje hasta el municipio de San Juan Teotihuacán, situado al oriente del Estado de México, puede realizarse en una hora, o en una hora y media a lo sumo. Pero esto es México D.F., ciudad conocida, entre otras cosas, por su denso tráfico. Así que, lo normal, es tardar unos 45 minutos más. Por eso debéis armaros de mucha paciencia, poner buena cara y, pensando en el lugar que vais a visitar tiempo después, citar ese dicho que reza: no hay mal que por bien no venga ;).

Al llegar al recinto arqueológico os encontraréis con varios accesos. Nosotros os recomendamos que accedáis por el que se encuentra más cercano a las Pirámides del Sol y la Luna. El coste de la entrada es de 51 pesos, que al cambio vienen a ser unos 2,80 euros; vamos, regalado (sobre todo si lo comparamos con lo que nos cuesta acceder a otros edificios o monumentos con un valor artístico e histórico bastante menor tanto en España como en otros países europeos). Si además sois mayores de 60 años, menores de 13, jubilados, profesores o estudiantes, estáis de enhorabuena porque podréis acceder de forma gratuita.

Eso sí, si vuestra intención es grabar en vídeo dentro del recinto, os cobrarán 45 pesos adicionales (que tampoco os va a arruinar), y si vais con un equipo profesional tendréis que pedir previamente una autorización en la capital (algo, por otra parte, lógico). En nuestro caso, no fuimos conscientes de esta norma hasta llegar allí, por lo que no tuvimos más remedio que acceder con nuestro equipo amateur. Además, tampoco nos dejaron pasar con nuestro pequeño trípode (tenedlo en cuenta). Incluso tuvimos que soltar una pequeña mentirijilla (de esas que no hacen daño a nadie) y responder con un rotundo NO cuando nos preguntaron si éramos profesionales (esto que quede entre tú y yo). Aun así, y a pesar de todos los impedimentos y obstáculos que encontramos en el camino, no podíamos dejar de realizar el reportaje que todos los ruralistas os merecéis.

 

El yacimiento de Teotihuacán es uno de los más imponentes de México a juzgar por su tamaño y proporciones. No se sabe con certeza quienes construyeron esta mega ciudad declarada patrimonio de la humanidad en 1987, aunque se estima que su construcción se llevó a cabo hacia el año 100 a.C. En su época de declive (alrededor del siglo VIII) era una de las mayores ciudades del mundo, con una población que rondaba los 200.000 habitantes, es decir, más o menos la población actual de Pamplona (no en época de Sanfermines, claro ;)). Los historiadores creen que la escasez de agua y la deforestación contribuyeron a la decadencia de la ciudad, que fue incendiada y destruida en torno al año 650.

Siglos después los Aztecas llegaron al valle de México y como las fuertes estructuras de la ciudad habían sobrevivido al paso del tiempo, los nuevos pobladores impusieron al lugar el nombre de Teotihuacán, que quiere decir ”lugar donde nacieron los dioses“. Además, según la creencia azteca, fue aquí donde los dioses crearon el universo.

 

La imponente Pirámide del Sol, cuya base iguala en anchura a la pirámide de Keops en Egipto, fue levantada entre el 100 y el 200 d.C. y constituye la estructura más grande y antigua de todo el yacimiento. Su nombre se debe a que, históricamente (aunque, al parecer, de forma errónea) se creía que estaba construida en honor a Huitzilopochtli, dios de la guerra, que también se asociaba con el sol. Las nuevas interpretaciones apuntan, sin embargo, a Tlaloc (Dios del agua) como la divinidad venerada en este lugar. Sea como fuere, la ciencia demuestra que el edificio está construido de tal forma que la desviación de su eje con respecto al norte verdadero (de 15 grados y 30 minutos) permite al sol coincidir en el Cenit del centro de la pirámide los días 20 de mayo y 18 de junio.

Subir los 243 escalones que separan el suelo de la cúspide de la pirámide supone toda una experiencia (y, por supuesto, luego bajarlos). Afortunadamente para todos (en especial para los que padecéis miedo a las alturas o los que estáis en baja forma) la subida se hace más fácil gracias a las cuerdas que están colocadas a modo de barandillas. Aun así, recomiendan que las personas con problemas de salud se abstengan de subir. Ya arriba (a 65 metros de altura), donde antiguamente existía un templo en el cual se realizaban los rituales chamánicos, podréis disfrutar de unas impresionantes vistas panorámicas de todo el yacimiento arqueológico.

 

La Calzada de los Muertos es el eje principal de la ciudad. Tiene una longitud de 3 kilómetros y 50 metros de ancho. Esta gran avenida da acceso a distintos templos y construcciones civiles, incluidas las Pirámides del Sol y la Luna. Los aztecas la llamaron así por las plataformas escalonadas que lo bordean y que erróneamente tomaron por tumbas. Alrededor de ella llegaron a construirse más de 4.000 viviendas de piedra y adobe que albergaban a los ciudadanos comunes.

La Pirámide de la Luna tiene una dimensión menor que la del Sol, con 42 metros de altura en la actualidad. Fue levantada en honor a la diosa del agua Chalchiuhtlicue, relacionada también con la Luna (de ahí el nombre que le pusieron posteriormente). Junto a la gran plaza construida a sus pies forma uno de los espacios más importantes de todo el conjunto. No en vano, está ubicada en el extremo norte de la Calzada de los Muertos, el eje principal de la ciudad. A diferencia de otras grandes construcciones, como la Pirámide del Sol, se cree que este espacio se destinaba para la realización de ceremonias de carácter público; es decir, como la Plaza Mayor de cualquiera de nuestros pueblos ;). Al igual que la del Sol, la Pirámide de la Luna también esta acondicionada para subir por su pendiente escalonada hasta la cumbre (y aquí son menos escalones ;)).

En el extremo sur de la calzada se halla la Ciudadela, una plaza de gran tamaño dentro de la cual se construyeron las residencias de los gobernantes y los sacerdotes. La edificación más importante es el Templo de Quetzalcoatl o Templo de la serpiente emplumada, dedicado tanto a esta divinidad (considerado el Ser Supremo en distintas culturas prehispánicas) como a Tlaloc (Dios de la lluvia). La arquitectura de este edificio religioso sorprende por las grandes cabezas de serpientes dentadas que sobresalen de su fachada (por si acaso, no acerquéis la mano ;)), así como por los motivos acuáticos de conchas y caracoles, que representan, según los especialistas, a los mencionados dioses.

Otros interesantes edificios que podréis visitar dentro de la Ciudadela son el Palacio de Quetzapapalotl (uno de los más lujosos, decorado con murales de color rojo, que se cree fue vivienda de la jerarquía sacerdotal), el Palacio de los Jaguares (llamado así por los grandes jaguares de cabezas emplumadas que adornan la puerta) y el Palacio de Tepantitla. Y para completar la visita, os recomendamos que, una vez de vuelta a México D.F., visitéis su Museo Nacional de Antropología, donde se exponen muchos de los objetos exhumados en Teotihuacán.

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